MUJERES QUE INSPIRAN

Es una santandereana que se graduó como doctora en Medicina en la Universidad El Bosque de Bogotá y viajó a Estados Unidos para crecer profesionalmente y abrirse nuevos espacios. En el año 2006 su vida era una sumatoria de tensiones y estrés: de estudiante, se esforzaba para obtener la licencia como médica en ese país; como mujer, cumplía cuatro años de casada pero la relación no era la ideal, no había felicidad; su alimentación no era sana, excesos de proteína, pocas verduras y frutas, intenso ejercicio; a nivel social, luchando por un estatus como profesional.

“Yo pensaba en una especialidad que me diera libertad, buscaba huir y a la vez tener todo bajo control, quería prestigio y complacer a mi familia. En resumen, no había nada atractivo, era una especie de vocación sin amor. El ego predominaba. Tenía conflictos emocionales unidos a la presión de ser médico en Estados Unidos”, narra.

Su proceso

Para esa época presentó molestias en la garganta, luego de exámenes y verificaciones le fue diagnosticado un cáncer en una cuerda bucal. El nivel del tumor era tres, muy agresivo, no se recomendaba someterla a una cirugía. Según su propia narración la lesión “era del tamaño de una coliflor”. Fue sometida a sesiones de radioterapia y quimioterapia.

“El cáncer es una enfermedad metabólica que se ocasiona por una deficiencia de oxigeno que altera la producción de energía de la mitocondria en la célula. En la vida de hoy, todo produce deficiencia de oxigeno. Solo el 5% de los casos se producen desde la genética. La alimentación, el estrés, el ambiente, el sobrepeso y la obesidad, el cigarrillo, el  alcohol, lo emocional (es muy fuerte) son las causas de esa epidemia”, explica la doctora Sandra Rangel. Agrega que “la membrana de la célula es tan susceptible que una cuchara pequeña de aceite malo de una vez altera el metabolismo y daña diez mil células. Ya no pasa la misma cantidad de oxigeno”.

Explica esta Mujer que Inspira que la existencia actual pasa por la alteración de los valores generando problemas muy graves. “Las emociones negativas generan acidez y entonces no pasa el oxígeno necesario. Trabajé en el Instituto Hipócrates y allí hacíamos con los pacientes terapias de perdón, liberar el odio, y transformar la mirada a lo positivo. Comparto con mi profesor Depak Chopra que la ciencia nunca querrá entender qué hacen las emociones en el cuerpo. Hoy hablamos de medicina integrativa más allá de lo convencional”.

Señala la doctora que está demostrado desde los laboratorios que la felicidad y los buenos estados de ánimo producen en el cuerpo humano reacciones que liberan hormonas que inciden directamente en la reproducción de las células. “Por ejemplo, las células madre en ambientes felices crecen y se reproducen de manera maravillosa lo que no sucede en los escenarios negativos”, dice. Apunta que cuando una persona se despierta al lado de alguien que no ama, llega el estrés y se activan esas emociones negativas. También suele ocurrir en aquellas personas que no disfrutan en el trabajo y por el contrario sufren.

“El oxigeno llega al cuerpo por el aire, el agua y la alimentación. ¿Qué estamos respirando, qué agua consumimos y qué alimentos hacen parte de nuestra dieta? Para mí lo ideal, aunque hay controversia, es ser vegano y aclaro que muchas personas no se acomodan a esta práctica. Se habla de comer crudo, hay polémicas, pero es un tratamiento válido para mejorar el estilo de vida. Los mariscos y el cerdo no son alimentos.  Las verduras, las frutas, las nueces y las especias son esenciales.

“Hay un grupo de médicos integrativos que promocionan la carne de animales que se alimentan solo de pasto pero que no son sacrificados en sufrimiento. En todo caso los excesos son dañinos. Hay personas que desayunan huevo y queso, el almuerzo es carne y por la noche cenan las mismas proteínas, es terrible, es necesario reducir.  Les digo, la alimentación más segura es vegana, pero hay que saber cómo hacerlo. Yo les sugiero eliminar el azúcar, las harinas refinadas, todo lo de paquete y procesado. Las proteínas de los gimnasios, todo eso es químico”, enfatiza.

Su sanación

La doctora Sandra Rangel nació en un hogar católico y cuando llegó a Estados Unidos se convirtió a cristiana creyente en el Dios de Israel. “Creo en el Mesías, yo practico todas las raíces Hebreas y sigo el Torá. No sigo hombres, ni curas ni pastores, solo al Padre, el que me sanó”, añade.

Ella relata que se curó del cáncer y refiere varios momentos que ella cataloga como milagros. Los dolores eran muy intensos, los niveles de medicamentos altos, la alimentación era por tubo, vomitaba con frecuencia. Solo encontraba en la oración bálsamo y no permitía que noticias negativas llegaran a su vida. “Cuando llevaba la mitad del tratamiento de radiación y quimio y estaba en oración me llegó un mensaje: ‘Puedes ir en paz porque tu fe te ha sanado’. Le dije a Dios que si estaba sana se suspendiera el tratamiento, en esos días los médicos encontraron que tenía anemia y que era necesario detener los procedimientos, así se hizo, fue una señal. Pasaron varias semanas para que las inflamaciones cedieran y al hacer los exámenes, los médicos expertos encontraron que no había tumor, estaba sana. Ellos no se explicaban, yo sí, fue el Dios de Israel”.

Fue en esos días que su padre, en Bogotá, es diagnosticado con cáncer en el hígado, aun en plena recuperación, los efectos del tratamiento son devastadores, logra viajar a reunirse con el papá. Atrás, en Nueva York, había estallado una crisis, su esposo, que la acompañó durante esos primeros meses de la enfermedad le anunció la separación. “Ya no te amo”, le sentenció.

“Una tarde serena, en un evento cristiano, una mujer se me acercó y me dijo que tenía un mensaje, era una carta. No podía creerlo había muchas personas ahí. La nota comenzaba con ‘nunca te rindas’ y luego aparecía el salmo 27: ‘El Señor es tu luz y tu salvación; aun cuando un ejército te asedie, no temerá tu corazón; aun cuando una guerra estalle contra ti, tu mantendrás la confianza. Aunque tu padre y tu madre te abandonen, el Señor te recibirá en sus brazos. ¡Pon tu esperanza en el Señor!’ Me dio rabia, entendí que mi padre se iba. A las pocas horas me llamó mi hermana, ya sabía la noticia, mi padre había muerto”.

Cuando ella parte a Bogotá,  recibe del marido la noticia que se acaba la relación y que además no le compartirá ningún bien. “No era mi preocupación el dinero”, afirma.

Su transformación

“Hoy, pasados diez años, afirmo que todo fue una bendición, ha sido una restauración maravillosa, con días muy terribles en los que uno ve que se acaba lo que uno cree que tiene valor, pero se aprende a apreciar cosas de la vida realmente importantes. Fue una sacudida a nivel de mi profesión, de mi estilo de vida, he tenido cambios radicales todos para bien. Encontré mi verdadera vocación, la medicina holística, un método de sanación que busca ocuparse del cuerpo, la mente y el alma de la persona mediante terapias tradicionales y complementarias.

Ella narra que hoy, desde sus conocimientos, ayuda a la gente en temas de alimentación, con el manejo emocional y en el encuentro de mejores hábitos de vida. En los últimos años estudió en el Instituto de Nutrición Integral en Manhattan y se certificó como Coach en Salud Holística. “Durante mi entrenamiento estudie más de cien teorías acerca de cómo alimentarse, métodos para llevar un estilo de vida práctico e innovador y metodologías de coaching con algunas de las personas más reconocidas en el mundo en cuanto a salud y bienestar se refiere”.

Es crítica de la formación que se imparte en las escuelas de medicina. “Me pregunto qué se puede aprender y entender si las prácticas se hacen sobre cadáveres. La educación en medicina ha fracasado totalmente. De cien trillones de células que tiene el cuerpo, el 90% está integrado por bacterias, virus,  parásitos, hongos. Somos micro organismos caminando. Además, las farmacéuticas convirtieron esto en un negocio.

La doctora Rangel dicta conferencias, atiende clientes (no pacientes) desde todo el mundo aprovechando las nuevas tecnologías y considera que las cirugías solo en casos extremos.

“Con la enfermedad se tiene la opción de convertir esa realidad en una experiencia o se rechaza ese llamado de atención. Yo les digo a todos mis clientes: la última palabra la tiene nuestro Padre, el que me sanó”.

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